La era Tripadvisor

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A menudo, los labios más urgentes, no tienen prisa dos besos después.

Joaquín Sabina.

Se vive deprisa, se trabaja velozmente, se ama con urgencia patológica. Sin embargo se come y se bebe con virtuosismo irreal, con afán de análisis pormenorizado de simbiosis más o menos acertadas, con criterios basados en escasos conocimientos y poca experiencia acumulada, se come con escasez de empatía, con ninguna percepción de lo que se muestra fuera del plato, con la ceguera absoluta que provoca la incultura y la estrechez de miras.
Vivimos deprisa y comemos lento, no por una cuestión saludable sino por la imperiosa necesidad de dejar por escrito nuestra verdad, nuestra impronta sellada en un selfie con el cocinero; comemos lento para buscar aquello que falla en nuestro trabajo, para sentirnos mejor cuando vemos que no somos los únicos que nos equivocamos, somos tan miserables que hallamos las mismas miserias en un plato o en el servicio que las propias que nos negamos a aceptar. Eso si, a pecho descubierto no, no vaya a ser que tengamos que mostrar nuestra esencia, no vayamos a perder ese falso poder que otorga el anonimato; comemos lento porque somos esclavos del encuadre y el enfoque de la próxima foto de nuestro timeline aunque no nos enfocamos en lo primordial, preferimos el error, exista o no.
Pasamos por alto detalles como la armonía de sabores, el juego de contrastes o la trazabilidad de lo que nos metemos en la boca, ¿acaso nos paramos alguna vez a pensar el trabajo que hay detrás de lo que comemos? No, es mejor no saber y escupir
con dudosa preparación, con escasa solvencia, siempre es mejor vomitar nuestras frustraciones sobre el trabajo de los demás.
Vivimos tan deprisa que hasta somos capaces de mear hablando por teléfono para no perder ni un segundo, somos capaces de cruzar entre los coches sin esperar nuestro turno o condensar los placeres con la urgencia del que tiene que contarlo, sin embargo nuestra presunta agilidad se ve mermada cuando quedan libres unos minutos en los que podríamos parar a pensar, ahí entra en juego el mayor mal de nuestra sociedad: el aburrimiento. La apatía nos hace vulnerables y no podemos permitirlo, entonces y solo entonces, escribimos en Tripadvisor para saciar nuestra ira y cebar nuestro ego.

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Nacho Lurbe
UNIPRO ON THE ROAD

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