Demiglace

Un día que tengo para descansar y llaman a la puerta. Parece que no ha sido tan buena idea quedarme en casa, otro domingo de sábanas calientes y almohadas que se va a la mierda.
– ¿Quien llama?
– Soy Mariano, te traigo una paloma torcaz que cazamos ayer.
– Pasa anda, pasa. ¿Quieres un café?

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Frío

Hay sitios a los que llegas atraído por las recomendaciones, sabes de antemano que te va a gustar ya que quien te dice que vayas tiene gustos similares a los tuyos pero, siempre hay un pero, la experiencia, sin ser mala gastronómicamente, se vuelve anodina y sin huella por una serie de factores que influyen negativamente en la comida.

Veanos. La música de hilo musical sin identidad, la excesiva profesionalización del servicio, entiéndase esto como una gran metodología carente de la empatía que transmite el camarero de tu bar preferido, la frialdad de la decoración que no consigue subir la temperatura, las caras huérfanas de sonrisas, la luz de quirófano que transmite una asepsia que se traslada a perfectas elaboraciones de forma que no de fondo.
A final me voy con la sensación de que fue menos de lo que pudo ser, una pena.

La comida bien, gracias.

Crítica sin geolocalizador.

 

NachoLurbe

UNIPROONTHEROAD

Casa Nisio


No reservan mesa después de las tres. No doblan mesas excepto si viene un vecino con mono manchado de grasa, ese siempre tiene su sitio. Esa es la grandeza de un lugar que rechaza una mesa de gente que viene de lejos, con recomendación y sin reserva,  en favor del que se dejó los cuartos cuando las mesas se aburrían. Yo me siento de milagro, restaurante lleno y a punto de cerrar cocina. No tengo reserva, pido clemencia.


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Requiem por el Bar Anci

Requiem por el Bar Anci, uno de esos bares de toda la vida que forjó su clientela a base de tapas y cañas, acabó echando el cierre hace unos meses.
Desde el 378 de la calle Alcalá, en Pueblo Nuevo, y con una decoración a base de carteles con precios y textos de metacrilato, lograron afianzar una clientela heterogénea, desde abuelas de desayuno diario a obreros hambrientos o neoprogres de Ipad y bocata de calamares.

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El 33 de Ruzafa

En Ruzafa todavía queda vida de barrio aunque haya muchos que se empeñen en decirnos lo contrario. Está claro que nada es lo que era, la realidad es que nuestros gustos también cambian, pero de ahí a demonizar un barrio hay un trecho. Lo que ocurre es que en esta Valencia nuestra, tan dada a buscar novedades, primero permitimos la saturación y luego la castigamos los ciudadanos y la concejalía de Inmovilidad. Continue reading