El 33 de Ruzafa

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En Ruzafa todavía queda vida de barrio aunque haya muchos que se empeñen en decirnos lo contrario. Está claro que nada es lo que era, la realidad es que nuestros gustos también cambian, pero de ahí a demonizar un barrio hay un trecho. Lo que ocurre es que en esta Valencia nuestra, tan dada a buscar novedades, primero permitimos la saturación y luego la castigamos los ciudadanos y la concejalía de Inmovilidad.
Aún así, quedan bares en los que todavía puedes sentarte junto a un grupo de vecinas que van diseccionando el barrio en cada sorbo del café con leche, incluso puedes tener un enorme e inofensivo perro de cabeza tan grande como una sandía junto a tu mesa porque tiene carnet de empadronamiento Ruzafero. Puedes ver a grupos de jóvenes, familias, extranjeros con Ipad y Moleskine que invitan a imaginar que su profesión es la de periodista de viajes, frikis de los videojuegos armados con portátil de última generación en plena batalla cibernética, esos bares que son refugio de almas inquietas.

Allí la prensa del día transita de mesa en mesa donde todos vamos marcando sus hojas con migas, aceite o restos de café. Es fantástico el poder de absorción de las hojas de periódico, a veces pienso que estos lamparones hacen más digeribles las noticias, es como si las hojas fuesen inmunes a las desgracias ajenas por la saturación de información negativa, pero no, esas manchas en el papel nos devuelven a la realidad, al paso del tiempo y su huella.
Sigue habiendo oferta en Ruzafa para todo tipo de gustos, aunque como todo, es cuestión de selección, ahí van mis preferidos. Faltan algunos que me quedan por probar y otros tantos que están en mi lista negra por tiempo indefinido, cuestión de gustos y preferencias, ya sabes.
Los bocatas del Caravan bar, un café mirando por la ventana del Pesoa o del Tula, los tacos de La Llorona o el ceviche de su hermano Casa Amores (mis dos preferidos), la ensalada Fattush del libanés Beirut King, tomar una ensalada entre libros en Ubik, unos boquerones en la sillita de la reina, los antipasto de la Osteria de la calle Tomassos, las hamburguesas de The black Turtle, sumergirte en la taberna Hikari, las tostas del Cafetito en la plaza de San Valero, un arroz en Mood Food, el café café de Blue Bell o la comida Canalla donde ya sabes.
Hago recuento mientras doy buena cuenta de una tostada de hogaza de masa madre en el 33, me lanzo a la aventura de esparcir el tomate rallado entre los huecos que se forman en la miga de un pan bien fermentado, es una tarea tan arriesgada como circular por una carretera secundaria de montaña sin quitamiedos, la cucharilla va trazando curvas esquivando esos ojos que te observan, con sumo cuidado para no desparramar por el plato la tríada que ennoblece la tostada: tomate, aceite y sal.

Puede haber tanta vida en un desayuno que uno pasa por alto las no noticias del periódico del día.

Que paséis un buen día.

 

 

Nacho Lurbe
UNIPROONTHEROAD

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